Nos echaron de nuestra sede
Durante años, nuestra sede estuvo en San Bernardo, 120. Allí atendíamos a mujeres, organizábamos talleres y tejíamos red en el barrio. Al terminar el contrato de alquiler, la propiedad no nos lo renovó. El motivo no fue un impago ni un conflicto: el edificio se va a destinar a viviendas de uso turístico.
No fuimos las únicas. Ese mismo portal aparece en la lista de edificios vaciados para pisos turísticos que las vecinas llevamos a las movilizaciones, junto a Trafalgar 22, Galileo 22, Santa Engracia 84, Glorieta de Quevedo 8 o Modesto Lafuente 8. La lista sigue creciendo.
La asociación ha podido reubicarse y seguir trabajando en Chamberí. Pero lo que nos ha pasado a nosotras le está pasando a muchas vecinas que no tienen dónde ir. Si una entidad con décadas de trayectoria en el barrio puede ser expulsada para dejar sitio al turismo, ¿qué les espera a las mujeres mayores que viven solas de alquiler o a las familias jóvenes que intentan quedarse?
Mujeres mayores: perder el entorno de toda la vida
Chamberí es un distrito envejecido, con una alta proporción de mujeres mayores de 60 años que viven solas. Para ellas, la proliferación de pisos turísticos supone:
- Alquileres y servicios básicos más caros, que dificultan su permanencia en el barrio.
- Una mayor rotación vecinal, que rompe las redes de apoyo comunitario de las que dependen.
- Más ruido y más inseguridad, lo que empeora su calidad de vida.
Un problema sin control
Según el INE, en noviembre de 2025 Chamberí tenía 832 viviendas turísticas anunciadas en plataformas digitales, el 1,06 % de su parque residencial. Es uno de los porcentajes más altos de Madrid. Sin embargo, en el último listado municipal por distritos, de 2024, solo 52 contaban con licencia. La gran mayoría opera sin autorización. Como el alquiler turístico es mucho más rentable que el residencial, edificios enteros se vacían de vecinas y entidades para convertirse en alojamientos para visitantes.
Jóvenes y familias: sin sitio en su barrio
En septiembre de 2026, el alquiler en Chamberí alcanzó los 26 €/m², su máximo histórico, un 3,5 % más que un año antes. Muchas personas jóvenes no pueden vivir en el barrio donde crecieron o donde trabajan. Así se pierde diversidad generacional, el comercio tradicional desaparece y el barrio pierde vida.
Pobreza vergonzante
Todo ello agrava lo que conocemos como pobreza vergonzante: mujeres en situación de vulnerabilidad que no lo muestran ni piden ayuda. Muchas son amas de casa, hoy viudas, con una pensión de viudedad cuya media en 2026 ronda los 976 € al mes. En un barrio donde un alquiler medio de 60 m² supera los 1.500 €, esa pensión no da para vivir con dignidad.
La movilización es imprescindible
Nos echaron, pero no nos vamos a ir del barrio ni a callarnos. Las viviendas turísticas se han convertido en un problema estructural que expulsa a vecinas, comercios y entidades, y que impide la llegada de nuevas generaciones. Frenar su proliferación ilegal no es solo una cuestión urbanística: es defender un Chamberí vivo.
Nada de esto cambiará solo. Hacen falta más inspección, más vivienda pública y alquileres que se puedan pagar con un salario o una pensión. Para conseguirlo necesitamos un barrio que se haga oír. Cada vecina que se suma, cada asociación que se une y cada voz que denuncia lo que pasa en su portal cuentan.
Chamberí es de quienes lo habitamos. La vivienda es un derecho, no un negocio, y defenderla es un deber de todas.
